Usos del suelo

Mejores Usos del suelo

La agricultura desplazó del suelo a la vegetación silvestre o espontánea.

En algunos casos, para asentarse y desarrollarse, hubo que talar bosques enteros, desecar pantanos, ganar tierras al mar, como ocurrió con los polders holandeses.

A veces, ascendió las laderas de las montañas, construyendo terrazas.

Si no avanzó más es porque encontró obstáculos insalvables: los hielos, las arenas, las selvas, las alturas.

A pesar de los avances tecnológicos, todavía hay grandes extensiones inadecuadas para el trabajo agrícola y para la instalación de una población permanente.
Los espacios incultivables no son siempre hostiles.

Hay zonas semidesérticas que admiten el nomadismo; en algunas mesetas asiáticas se explota la ganadería trashumante.

Otras regiones son lugares de tránsito utilizados por la población que las rodea.

En América, Asia y África, donde la población se concentra en zonas bien delimitadas, hay extensos espacios vacíos que lindan con
los suelos agrícolas.

Las llanuras de Siberia, California y la Patagonia podrían considerarse como reservas de espacio, susceptibles de ser utilizadas cuando las condiciones lo permitan.

Las nuevas necesidades de espacios de recreo, creadas por las civilizaciones urbanas, pueden dar a esas regiones una utilidad no agrícola, sin mengua de provecho económico y social.

El suelo urbano e industrial, no obstante su importancia fundamental, ocupa en realidad una ínfima porción del espacio terrestre.

Es sin embargo el que plantea los problemas más graves, ya que soporta la carga de poblaciones muy densas, que viven y trabajan en un medio artificial, hacinado e insalubre, con exigencias que no siempre se ven satisfechas.

Usos del sueloCuando los intereses económicos priman sobre las necesidades vitales, la ciudad se convierte en una jungla de cemento. La planificación urbana no debe desdeñar los espacios verdes.

Concentración demográfica

Europa tiene una población de 800 millones de personas y una superficie de 10 millones de kilómetros cuadrados, lo que implica una densidad de 80 habitantes por kilómetro cuadrado, promedio ampliamente superado por países como Italia, Francia, Gran Bretaña y Alemania, entre otros.

Japón tiene 130.000.000 habitantes concentrados la en 380.000 km², lo que hace una densidad de 320 habitantes por kilómetro cuadrado.

Una concentración similar ofrece el nordeste de Estados Unidos.

Estos tres enclaves aportan las tres cuartas partes de la producción industrial del globo.

En el suelo urbano pueden distinguirse dos ámbitos con características bien diferenciadas.

  • Uno aglutina las actividades industriales (producción, almacenamiento, transporte), con instalaciones técnicas más o menos concentradas.
  • El otro está destinado a la residencia, el comercio y la administración pública.
  • En ambos, el paisaje natural es un mero decorado.

Un rasgo elocuente de estas regiones urbanas es su incompatibilidad, notable cuando los ámbitos industriales y residenciales se mezclan y confunden.

El suelo industrial suele ser un espacio con comodidades para la implantación de establecimientos fabriles.

En algunos casos se sitúa sobre un subsuelo minero y casi siempre, en la confluencia de los ejes de comunicación: caminos, vías férreas, cursos fluviales.

La elección del emplazamiento responde a un cálculo de costos y beneficios; el espacio ofrece sensibles variaciones de precio.

En el suelo industrial hallamos instalaciones fabriles, depósitos, barracas, estaciones y talleres ferroviarios, puertos, muelles.

El conjunto presenta un aspecto gris, humoso y repulsivo, como ocurre en Detroit, Renania, Silesia y otros enclaves.

Sólo en las últimas décadas se han construido establecimientos modelo, amplios, limpios, iluminados y casi asépticos.

Las nuevas tecnologías tienden a desplazar a las viejas máquinas ruidosas y las chimeneas que lanzaban nubes de hollín.

Con todo, no es placentero vivir en las inmediaciones de los establecimientos industriales.

El suelo comercial le ha ganado espacio al suelo residencial.

Las primeras ciudades se organizaron en torno de las ferias, donde confluían los campesinos y artesanos de los alrededores, y los mercaderes llegados de lejos, para ofrecer sus productos.

En las ciudades modernas, los «centros» han desplazado al hábitat para privilegiar al comercio, la banca y la administración.

En este ámbito de intenso movimiento también se han instalado los locales de espectáculos y diversiones.

Y dado que el «centro» suele ser la parte más vieja de la ciudad, allí está el reducto histórico, con obras arquitectónicas que evocan el pasado.

El paisaje natural está alejado de los asentamientos humanos, pero se incorpora a los circuitos turísticos. Los parques nacionales y las reservas de biosfera fueron concebidos para proteger áreas de naturaleza virgen.

Usos del suelo

Necesidad de verdor

El suelo residencial ha querido distanciarse del industrial y del comercial, tratando de asegurar silencio, tranquilidad y privacidad a sus habitantes.

Ello no quiere decir que prescinda de pequeños talleres y de los comercios que abastecen los artículos de primera necesidad, pero las reglamentaciones municipales tienden a prohibir en ciertos barrios las instalaciones molestas.

Casi siempre se trata de reconstruir la naturaleza, aun de una manera artificial: plazas públicas, jardines privados, calles arboladas, bulevares
con canteros y plantas.

Este decorado alivia la sensación de nostalgia del campo que suele embargar a los habitantes de las ciudades.

Los espacios verdes son considerados como condición de equilibrio de la ciudad moderna, demasiado extensa como para que pueda vincularse con el medio rural periférico.

Muchas veces, saliendo de la ciudad, hay que recorrer cincuenta kilómetros para encontrar las primeras chacras, huertas y arboledas.

El problema se resuelve artificialmente corno lo hizo Estocolmo, ciudad que cuenta con su propio paisaje de rocas, lagos, prados y bosques, y cuyos cementerios, incluso, dan la ilusión de un gran parque natural.

París se oxigena con el Bois de Boulogne, amplísimo recinto verde que trasciende sus límites comunales.

Amsterdam exhibe enormes parques, entre los cuales célebre el Slotermeer y un campo anexo que le sirve con lugar de desahogo.

Londres y Moscú poseen amplios cinturones verdes y valles y bosques en las cercanías.

Buenos Aires tiene su Parque Tres de Febrero, también llamado Bosque de Palermo, que al inaugurarse ocupaba 300 hectáreas y hoy
sólo tiene 120, debido a las sucesivas mutilaciones hechas con el objeto de erigir centros de actividad rentables.

Entre los espacios urbanos y los rurales hay notoria rivalidades.

Las poblaciones urbanas exigen que se respete su derecho a la evasión, buscan desintoxicarse y anhelan disponer de espacios de desahogo.

Pero los espacios Verdes son mutilados en aras de intereses inmobiliarios que pretenden dar rentabilidad a los terrenos, no sólo de la ciudad, sino también de las inmediaciones.

Esos terrenos se lotean venden, y en ellos terminan instalándose establecimientos servicio, fábricas, supermercados, depósitos y aeropuertos.

El clima, la topografía del suelo y la presencia del agua son factores que condicionan la flora y la fauna de cada lugar.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.