La Agricultura - El Suelo Agrícola

La Agricultura: El Suelo Agrícola

El suelo agrícola listo para la agricultura, fue conquistado a expensas del suelo natural, es decir, del ocupado por la vegetación silvestre o espontánea.

Talando bosques y desecando pantanos se introdujeron cultivos de cereales, frutales y hortalizas.

Estos suelos preparados para la agricultura dependían del riego, para lo cual se aprovecharon los ríos, se trazaron canales y acequias y se cavaron pozos para llegar a las napas subterráneas.

El paisaje se cubrió de molinos de viento.

Pero muchas sociedades esquilmaron el suelo, lo trabajaron con técnicas irracionales, erosionándolo y empobreciéndolo, con lo que las civilizaciones nacidas del trabajo sobre un suelo otrora fértil sucumbieron.

Después de sufrir los padecimientos de la escasez y el hambre, las migraciones y el abandono de espacios que quedaron agrietados, exhaustos, cubiertos de costras de mineralogía, desprovistos de nitrógeno.

El medio rural fue ocupado con fines productivos.

Si bien ciertos pastos pueden ser utilizados en estado natural, el hecho de apacentar animales produce modificaciones fitogeográficas debido al consumo selectivo de plantas por los animales.

Las plantas tóxicas y no aprovechables se eliminan, con vistas a permitir el surgimiento de hierba tierna.

Los límites entre las zonas de vegetación herbácea y las de vegetación forestal son asegurados por la acción de los agricultores contra los bosques que rodean los pastizales.

Los cultivos se extienden mediante el clareo, drenaje y desecación de marismas.

Esta ocupación puede ser temporal, estable o interrumpida.

Muchas veces se han usado tierras durante años y luego se las ha abandonado, lixiviadas y empobrecidas.

Como los suelos se han desarrollado a partir de rocas subyacentes, es evidente que contendrán una buena cantidad de materia mineral.

El tamaño de las partículas minerales determina la naturaleza del suelo.

el suelo agrícolaEl hombre se ingenia para explotar la tierra incluso en regiones que otrora se consideraban adversas. Donde quiera haya un plano irrigable se puede pensar en un suelo agrícola para sembrar plantas económicamente útiles.

el agua un recurso imprescindible para la agricultura

El agua del suelo puede ser de tres tipos.

  1. El agua de drenaje, procedente de la lluvia y de las nevadas, que se filtra hacia abajo por entre las partículas del suelo, no existe en todo momento, por supuesto, y no es esencial para la nutrición de las plantas.
  2. El agua capilar, que persiste sobre la superficie de las partículas de tierra y las raíces, no depende inmediatamente de la lluvia. A medida que el agua de la superficie se evapora, la de abajo sube, para ocupar los espacios que aquélla deja libres. En los suelos muy arenosos, de partículas gruesas y grandes espacios entre ellas, el agua no puede ascender por capilaridad, y la capa superficial se reseca fácilmente en tiempo caluroso.
  3. El agua absorbida (esto es, el agua tomada por las partículas del suelo) no es aprovechada por las plantas.

Los terrenos arenosos absorben poca agua; en cambio, los arcillosos, debido a la pequeñez de sus partículas absorben una gran cantidad.

El humus también absorbe mucha agua.

Aunque las plantas no superan las fuerzas de atracción existentes entre el suelo y el agua absorbida por éste, es posible (si se necesita para un análisis) extraerla por calentamiento.

El humus es materia orgánica descompuesta o en trance de descomposición.

Es de color marrón oscuro o negro y de aspecto gelatinoso.

Este último carácter da al humus su capacidad de absorción de agua.

Químicamente, es muy complejo, aunque se comporta como una sustancia simple.

Otra importante propiedad que lo caracteriza es su capacidad para unirse con partículas arcillosas y formar pequeños grupos.

Por ello, el humus representa una valiosa ayuda para lograr suelos laborables.

También confiere a los suelos arenosos la capacidad de retener el agua.

Las condiciones atmosféricas al nivel del terreno son esenciales para el crecimiento de las plantas y otros organismos que viven en ella, incluyendo las útiles bacterias.

En un terreno anegado, el agua ocupa el lugar del aire, y la descomposición no es completa.

El suelo se vuelve, como consecuencia, ácido, y sólo permite el crecimiento de ciertas clases de plantas.

La Agricultura: El Suelo AgrícolaLos cercos y alambrados dividen los terrenos que hasta no hace mucho eran el dominio de las hierbas y los animales salvajes. En ellos surgirán los pastizales y se extenderá el ganado.

Materia orgánica

Las sales minerales, esenciales para el desarrollo vegetal, se encuentran disueltas en agua del suelo.

Los otros alimentos de las plantas son proporcionados por la materia orgánica.
Todos deben estar disueltos, para que las plantas puedan hacer uso de ellos.

Flora y fauna del suelo es el nombre genérico que reciben todos los organismos vivos que habitan en el suelo.

Quizá los más importantes de todos sean las bacterias.

Estos diminutos organismos actúan sobre la materia orgánica del humus, liberando sales solubles que se usarán como alimento vegetal.

Otras bacterias fijan el nitrógeno libre, convirtiéndolo en nitrato, que puede ser usado por las plantas.

Estas bacterias son utilísimos miembros de la comunidad del suelo, pero, como los otros, necesitan un buen suministro de oxígeno.

En los terrenos anegados son más importantes otras bacterias, aunque éstas no completan los procesos de descomposición.

Además de las bacterias, algunos hongos y animales protozoarios son, también, importantes organismos del suelo.

Las lombrices, aunque no tan abundantes,ejercen una notable influencia sobre el terreno.

Los túneles que perforan tienen una gran importancia para su ventilación.

Sus excrementos también lo afectan, porque contienen una alta proporción de carbonato cálcico, procedente de las glándulas gredosas.

Los topos, los ratones y los insectos también modifican el suelo en que habitan y junto con todos los anteriores seres vivos, forman el mundo bióticos del suelo.

La Agricultura: El Suelo AgrícolaLos frutos del cacao son una drupa de unos veinte centímetros, con forma ovoidal alargada y una superficie rugosa de color amarillo rojizo. Sus semillas son los granos que se tuestan, descascaran y trituran para elaborar el chocolate.

Textura del suelo

Sólo tenemos que hablar con algún hortelano para comprobar cómo difieren unos suelos de otros.

En algunos lugares, es casi arcilla dura, mientras que en otros, son poco menos que arena.

Éstas son dos texturas extremas – la pesada y la ligera – y, entre ellas, se encuentra una gama continua de suelos llamados margas.

Un suelo arcilloso contiene una gran proporción de partículas diminutas de minerales arcillosos.

La distancia entre estas partículas es pequeña, y la tensión superficial de la película de agua las mantiene estrechamente unidas.

Los suelos arcillosos son, por lo tanto, pesados y duros para cavar.

Los huecos entre las partículas son pequeños y no permiten un buen drenaje, de modo que tienden a permanecer anegados.

Las sales minerales no son arrastradas por la lluvia.

Durante la sequía, retienen una buena cantidad de agua, lo que permite una valiosa ayuda para las raíces de las plantas.

Los suelos arenosos son ligeros.

Sus grandes partículas minerales (principalmente, granos de cuarzo) encierran amplios espacios de aire, lo que proporciona una buena ventilación, así como un buen drenaje.

Se cavan fácilmente, pero los alimentos minerales se pierden con rapidez, arrastrados por el agua hasta el subsuelo.

Una buena tierra contiene partículas de todos los tamaños, para que el drenaje no sea ni demasiado rápido ni demasiado lento.

También contiene abundante humus, para retener el agua y darles alimento a las plantas.

Los suelos con partículas de distintos tamaños se conocen con el nombre de margas.

Las partículas no están casualmente dispuestas, sino que tienden a agregarse en pequeños agrupamientos.

Esta estructura de conglomerados es esencial para un buen suelo, pues, al mismo tiempo, produce espacios de aire e impide que las partículas más finas sean arrastradas hacia abajo y se acumulen en las zonas inferiores.

Por otra parte el suelo puede ser trabajado más fácilmente.

Es todavía un misterio cómo las partículas se agregan para conformarse de tal manera.

Cada agrupamiento contiene parte de todos los constituyentes del suelo.

Los suelos arenosos mejoran cuando se les añade humus, lo que otorga una cobertura a los granos minerales, y sirve para retener el agua.

Los suelos arcillosos (pesados) también se mejoran añadiéndoles humus.

Éste se mezcla con las partículas de arcilla y tiende a unirlas en pequeños grupos, produciendo pequeños conglomerados.

La cal provoca el mismo efecto.

Las rocas calizas son, normalmente, muy puras, y, como el carbonato cálcico es soluble en agua, las tierras calizas no producen por sí mismas suelos consistentes.

Las prolongadas soluciones del carbonato pueden terminar con una ligera capa de impurezas -minerales silícicos y arcillosos- formada sobre la superficie.

Estas tierras poco profundas se llaman rendcinas.

Son, normalmente, muy alcalinas, aunque, en ocasiones, llegan a ser ácidas, porque todo el calcio se filtra, disuelto en el agua de la lluvia.

Clima y suelo

Aunque la textura de la parte superior del terreno depende, en gran parte, de las rocas subyacentes, indefectiblemente el clima ejerce la mayor  influencia, superando, incluso, el efecto de las rocas de origen.

El clima de cada región favorece a cierto tipo de formación edafológica, si el hombre no limita su acción.

Debe considerarse, naturalmente, que una gran cantidad de tierras ha sido cultivada: un proceso que se opone a la formación natural del suelo.

Enormes extensiones, además, fueron afectadas en la época de las grandes glaciaciones, y los terrenos son, todavía, demasiado modernos.

Los tipos de terreno climáticos no son muchos, y están agrupados de acuerdo con el aspecto de una sección del terreno, como el que nos muestra una cantera.

Este tipo de corte se llama perfil del suelo.

En las regiones polares y en la tundra, los suelos tienen una constitución muy pobre, y se dice que son esqueléticos.

Consisten,  fundamentalmente, en fragmentos de rocas partidas, ya que la actividad química y biológica es en ellos muy pequeña.

Ocasionalmente, se forman turberas donde proliferan musgos y líquenes.

Las regiones de temperaturas bajas favorecen la formación de un tipo de terreno llamado podsol.

Como el agua que cae excede de la que se evapora, su movimiento dominante es hacia abajo.

El humus y los minerales (fundamentalmente, hierro) son arrastrados con ella desde las capas superficiales, dejando una zona aparentemente más clara.

Los materiales arrastrados de la capa A son depositados más abajo, en la capa B, y forman una capa de color más oscuro.

Ésta puede endurecerse, formando una capa dura que evita posteriores filtraciones.

Los terrenos fangosos y las formaciones pantanosas tienen lugar en tierras no perturbadas.

Las regiones de altas temperaturas favorecen un suelo llamado tierra parda forestal.

Se evapora el agua en la misma cantidad que cae con la lluvia (excediéndola en verano), y la filtración no es excesiva.

Estas capas superficiales, pardas, mantienen buenas reservas de humus.

En las regiones semiáridas, la evaporación excede la lluvia, y el movimiento dominante del agua es hacia arriba, trayendo calcio y otras sales con ella.

El humus se acumula en las capas superficiales, que se oscurecen.

Este tipo de suelo es característico de las estepas y sabanas y se lo conoce con el nombre de tierra negra.

Las regiones tropicales son normalmente húmedas, aunque la lluvia suele caer durante una sola estación.

En este caso, durante la estación húmeda, los minerales son arrastrados hacia abajo, para que, después, en la estación seca, vuelvan con el agua capilar y precipiten en la superficie.

Los hidróxidos de hierro y de aluminio permanecen en estado insoluble, tendiendo a acumularse en depósitos rojizos, llamados ferroginosos.

Si el aluminio es dominante, el depósito se llama de bauxita, el principal mineral de aluminio.

En este caso, el suelo se hace estéril, porque impide un buen drenaje.

el suelo agrícola el suelo agrícola

Los animales, como el lobo y el gato montés, son uno de los más perjudicados, sus bosques son talados y transformados en campos para la agricultura o la ganadería.

Agricultura

La agricultura consiste en trabajar la tierra, para convertirlo en suelo agrícola apta para el cultivo, que produzca alimentos que se consumen directamente.

Como las hortalizas y los cereales (agricultura propiamente dicha), o indirectamente, sustentando con ellos a los animales, que, a su vez, proporcionan elementos nutritivos, como la leche, los huevos y la carne (ganadería).

Uno de los factores que influyó más en el aumento del rendimiento de los cereales ha sido el uso de la cosechadora.

Los métodos anteriores (siega por medio de una máquina segadora-gavilladora, transporte de las gavillas y trilla posterior) necesitaban mucha mano de obra y requerían un tiempo favorable, que no siempre se presentaba.

La cosechadora reduce la recolección a una sola operación, y su manejo requiere pocas personas.

Los continuos perfeccionamientos de las cosechadoras hicieron necesaria una revolución en los tratamientos de los cereales cosechados.

Al ser trillado inmediatamente, el grano no se seca tanto como si hubiese estado extendido en parvas.

Los granos de cereales pueden ser almacenados de una forma segura solamente cuando contienen menos del 16% de humedad; por encima de este porcentaje se producen fermentaciones, aumento de la temperatura y ocasionalmente, la descomposición del grano.

La desecación de éste se hizo necesaria en las grandes fincas, donde las cosechadoras son rentables.

Al mismo tiempo, el manejo de enormes cantidades de grano llegó a ser un problema grave.

Al eliminarse los sacos y manejar mecánicamente la semilla, el trabajo ahorrado es inmenso.

Por tanto, se ha puesto en uso un equipo completamente nuevo, en el cual figuran remolques con mecanismos hidráulicos, para acarrear el grano.

Transportadores sin fin, para su traslado a los almacenes, y enormes silos, con capacidad de 50 o 60 toneladas, en los que el aire puede desplazarse de forma que disipe el exceso de humedad.

Una novedad bastante prometedora, en este campo, es el llamado almacenamiento húmedo, que consiste en colocar el grano en los silos cuando todavía está húmedo.

Las primeras fases de la fermentación producen anhídrido carbónico, que reemplaza al oxígeno entre los huecos dejados por los granos, impidiendo que el cereal continúe deteriorándose.

Por supuesto, este método puede tener muchas aplicaciones, especialmente si los experimentos que se realizan en la actualidad fructifican y demuestran que la facultad de germinar de los granos no se altera.

El segundo factor importante ha sido la utilización de fertilizantes artificiales, que acabó con la práctica tradicional de los barbechos en algunas zonas cerealistas.

Durante unos 200 años, la agricultura cerealista tuvo que recurrir a una rotación de cultivos con otras plantas y dejar «descansar» la tierra (barbecho), para recuperar el nitrógeno y otros elementos absorbidos por la cosecha.

La única solución era el empleo intensivo de grandes cantidades de estiércol, lo cual no es muy práctico para el cultivo en gran escala.

Este sistema ha cesado con el empleo de fertilizantes artificiales.

Con su uso, es posible, actualmente, la producción continua de mejores cosechas de cereales, año tras año, sin el peligro de agotar la tierra.

Al mismo tiempo, el uso creciente de herbicidas químicos contribuye a mantener las siembras «limpias» de malas hierbas.

En el futuro, la agricultura se apoyará cada vez más en los hallazgos científicos, para analizar y resolver las deficiencias del suelo, proporcionar fertilizantes químicos, pesticidas y herbicidas, así como para crear novedosas y más productivas variedades de cereales más resistentes a las enfermedades.

Al mismo tiempo, se crearán mejores máquinas, capaces de realizar las operaciones más de prisa, ahorrando esfuerzo e independizando al agricultor, cada vez más, del clima.

En ciertas zonas ribereñas, con el fin de ganar tierras al río, se han arrojado toda clase de desperdicios.

Al poco tiempo, sobre la nueva superficie creada, se advirtió una asombrosa proliferación vegetal salvaje y la consiguiente concentración de numerosas especies zoológicas.

Cuánto más podría lograrse si, en lugar de producir una acumulación azarosa de materiales, se mezclaran ordenadamente residuos de origen vegetal y animal, apartando los materiales no biodegradables.

Así se obtendría un mantillo de suelo agrícola extraordinariamente fértil, de gran utilidad para una agricultura intensiva o para crear parques y jardines.

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