Breve Historia de la Deforestación

Breve Historia de la Deforestación del Planeta

En la historia de la deforestación lo cierto es que esta destrucción sistemática de los espacios forestales trajo el progreso económico y social de la humanidad.

La agricultura estableció al hombre en un territorio, le prodigó sus esenciales medios de subsistencia, terminó con su nomadismo al congregarlo en aldeas que luego serían ciudades y fue el recurso económico predominante hasta no hace más de un par de siglos, cuando apareció la industria.

Si la época actual se enorgullece de la revolución científico-técnica y de sus increíbles realizaciones en todos los terrenos, de la informática, la robótica y los viajes espaciales, estos logros quizás no puedan equipararse con aquellos primeros balbuceos de la civilización por obra de la conversión de los bosques vírgenes en tierra de cultivo.

Como recuerda René Dubos:

“Antes de que el hombre del Neolítico sometiese los ríos y comenzara a hacer uso del riego, los valles del Éufrates y del Nilo no eran más que pantanos y cañaverales muy poco prometedores e infestados de animales salvajes.
Fue aquélla una empresa colosal que se llevó a cabo principalmente a base de fuerza bruta.
Hubo que drenar los pantanos mediante canales, contener la violencia de las riadas mediante diques, desbrozar la maleza y exterminar a los animales que en ella se guarecían.
Como correctivo al engreimiento de la tecnología moderna, es bueno recordar que hacia el año 2000 a.C. las civilizaciones del Mediterráneo oriental que disponían de sistemas de riego habían inventado la cestería, el telar y la alfarería, aprovechado la fuerza de los bueyes y del viento,  construido barcos a vela y vehículos con ruedas, aprendido a utilizar la mayoría de los metales no ferrosos.
Cuando los egipcios inventaron el arado, proporcionaron a la humanidad la innovación tecnológica que más profunda y perdurablemente ha influido en el aspecto de la superficie terrestre.»

La Deforestación: Retroceso de los bosques

 

Breve Historia de la Deforestación

Dondequiera que tuvo lugar, la intervención del hombre dejó una huella indeleble en la naturaleza.

Pero no todas las consecuencias de la actividad humana han sido satisfactorias.

El fuego y el ganado permitieron romper las grandes barreras forestales y crear ricos labrantíos, pero el resultado final de la deforestación fue destructivo, pues implicó la erosión total del terreno en muchas partes del mundo.

Es casi seguro que los desiertos del Medio Oriente son en su mayor parte producto del exceso de apacentamiento que se dio hace unos cuatro mil años.

Platón describe en Critías los efectos de la deforestación sobre el paisaje griego:

“Los aguaceros arrastraron la tierra montaña abajo hacia el mar” y el Ática se convirtió en “el esqueleto de un cuerpo enflaquecido por la enfermedad”.

Antes, deplora,

“el agua no se perdía, como ocurre hoy, discurriendo sobre el terreno desnudo”.

Las islas británicas tampoco se salvaron de esa actividad del hombre.

Allí, éste prefirió establecerse en las colinas y en campo abierto, pero taló los espesos bosques y drenó los terrenos pantanosos para poder extender sus cultivos.

Los antiguos celtas eludieron al principio el valle del Támesis, no obstante su potencial fertilidad, porque esas tierras arcillosas e impermeables eran poco saludables y difíciles de arar.

Pero cuando fueron hachados sus densos robledales, la civilización se desplazó del valle de Salisbury al del Támesis, que se pobló a medida que fue deforestado.

Las técnicas agrícolas abrieron camino a los sucesivos invasores (celtas, romanos, sajones y normandos) que fueron ocupando el actual territorio británico.

En Europa occidental se ha podido confirmar, mediante fotografías aéreas, lo ya atestiguado por documentos fósiles:

Gran parte de la tierra de cultivo fue abierta por los pobladores del Neolítico que hace 10.000 años talaron los bosques y roturaron la capa superficial de la tierra.

Algunas carreteras son de origen muy antiguo.

En la Edad de Piedra se abrieron caminos que cruzaban Europa y llegaban hasta Asia, adentrándose en Siberia.

Las aldeas que fueron surgiendo quedaron asimismo unidas por caminos.

Más tarde, con la expansión del Imperio Romano, hubo necesidad de comunicar sus diversas partes mediante calzadas que con el tiempo formaron una red.

Todo ello dio motivo a nuevas talas de bosques.

Las fotografías aéreas permiten descubrir diferencias en la vegetación, proporcionando un indicador botánico del curso original de los caminos, inclusive donde ha sido posteriormente alterado.

El derroche forestal

Breve Historia de la Deforestación

Los cambios más notables de la capa forestal han sido siempre un reflejo de las grandes transformaciones históricas de la sociedad.

Antes del Renacimiento, el 80% de la superficie de Francia estaba cubierta de bosques.

A comienzos XVI, las exigencias desarrollo económico estimularon tala de árboles en gran escala y a fines del siglo XVIII los bosques sólo cubrían el 18% del territorio del país.

Para esa época, tanto Francia consumido sus tal punto que se vieron obligadas a buscar en otras regiones del mundo la madera indispensable para construir los barcos y con Bretaña habían servar la superioridad marítima.

En Estados Unidos los bosques cubrían 385 millones de hectáreas hacia 1630, cuando desembarcaron los primeros colonos ingleses.

Al extenderse la colonización por costa oriental y hacia el oeste del país, la capa forestal fue disminuyendo paulatinamente.

En 1920 sólo quedaban 250 millones de hectáreas de bosques, dos tercios de las existentes al iniciarse la colonización europea.

El mismo proceso se dio en América del Sur. Un ejemplo típico puede ser el caso argentino.

El país, que tenía grandes extensiones boscosas antes de la llegada de los españoles, hoy sólo posee un 14% de su territorio cubierto por árboles.

Infinidad de ejemplares fueron hachados para ser consumidos como leña, empleados en la construcción de casas y en la fabricación de muebles o quemados para librar tierras al cultivo.

Las poblaciones de caldenes de La Pampa se habían reducido a la quinta parte hacia 1935.

Buena parte de los montes de La Rioja y Catamarca fueron consumidos en los hornos de fundición de minerales.

En el nordeste, fueron talados inmensos quebrachales, dejando la tierra yerma y poblaciones deshabitadas.

De los 100 millones de hectáreas de bosques, calculados en 1915, sólo quedaban 75 millones en 1960.

Quizás haya que meditar las palabras de Antón Chejov, que en su obra Tío Vania dijo por boca de uno de sus personajes:

«Los bosques gimen bajo el hacha, mueren miles de millones de árboles, se devastan las moradas de fieras y aves, se resecan los ríos; desaparecen para siempre maravillosos paisajes. El hombre está dotado de razón y de una fuerza creadora sin par para multiplicar lo que le ha dado, pero, en vez de crear, suele obstinarse en destruir.”

El bosque es como una casa abierta a todos. En sus puertas no hay candados.

Es como si la naturaleza hubiera confiado sus tesoros a la diligencia humana.

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