La Ecología

Enciclopedia de la Ecología

En las últimas décadas la ecología se ha convertido en una ciencia.

Los diarios y revistas la radio la televisión e Internet se hacen eco diariamente de temas ecológicos.

La ecología ha penetrado en las aulas desde los grados primarios, hasta la universidad.

Científicos, técnicos y especialistas debaten en profundidad cada uno de los problemas ecológicos a los que se enfrenta el planeta.

Las organizaciones sociales demandan soluciones para cuestiones que afectan al medio ambiente en que vivimos. 

Los gobiernos finalmente han debido preocuparse por estos imperativo y aceptar las convocatorias internacionales como la que fructificó en la Cumbre Ecológica de Río de Janeiro de 1992.

La Cumbre Ecológica de la Tierra de Río de Janeiro, fue sucesora de la Conferencia sobre el Medio Humano (Suecia, 1972) y fue celebrada veinte años después.

Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (CNUMAD) que popularmente es conocida como Cumbre de Río o de la Tierra.

Organizadas por la ONU y celebrada en Río de Janeiro, Brasil del 3 al 14 de junio de 1992, el Gobierno y 178 países.

Maurice Strong fue el secretario general.

Aproximadamente 400 representantes de organizaciones no gubernamentales (ONG) estuvieron presentes, para hablar sobre la ecología.

Mientras que más de 17.000 personas asistieron al Foro de ONG celebrando paralelamente a la Cumbre.

Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, que aclara el concepto de desarrollo sostenible.

« Los seres humanos constituyen el centro de las preocupaciones relacionadas con el desarrollo sostenible. Tienen derecho a una vida saludable y productiva en armonía con la naturaleza», (Principio 1)

« Para alcanzar el desarrollo sostenible, la protección del medio ambiente debe ser parte del proceso de desarrollo y no puede ser considerado por separado ». (Principio 4)

“La naturaleza estalla con todo su esplendor. El hombre, que durante milenios ha vivido a sus expensas, obteniendo de ella alimentos y materias primas, tiene ahora el deber de cuidarla y conservarla, asegurando la habitabilidad del planeta”.

Sabemos que un gusano está vivo y no lo está la piedra sobre la que se desliza, es obvio que el primero se muere, come y reacciona si lo tocamos. La piedra en cambio es inmóvil, dura e insensible. Pero si ese gusano trepa por el tronco de un árbol este permanece quieto e indiferente y sin embargo, está tan vivo como el animalito que acaricia su corteza rugosa. Si nos situamos en un gran ecosistema, pongamos por caso un bosque, advertimos una gran variedad de seres vivos: árboles de gran porte, lianas, víboras, pumas, aves, insectos. Cada uno de ellos tomado aisladamente es un individuo, es decir, una unidad de vida independiente un organismo capaz de realizar por sí mismo los procesos que le permiten vivir, nutrirse, reproducirse. Pero los individuos no viven aislados, sino que se juntan en grupos de la misma especie y comparten un área determinada: Son las poblaciones.

La sutil alianza de los vegetales y animales, adaptados al suelo y al clima, crea los ecosistemas, caracterizados por interacciones vitales y por fecundos intercambios de energía.

La atmósfera es la capa de aire que rodea la Tierra y la ecología estudia nuestra atmósfera. Es la envoltura gaseosa que protege a nuestro planeta en su largo viaje alrededor del sol y junto con todo el sistema solar, alrededor, la vía láctea, que también se desplaza incesantemente por el universo. Ya no es un secreto para los científicos que la atmósfera actual de la tierra es muy distinta de la que poseía en un principio.

Como se formó nuestra atmósfera

Pues, es el resultado de un proceso que sería interesante estudiar en el tiempo. La atmósfera que rodea la Tierra, apta para la vida, necesitó millones de años para alcanzar su composición actual. La expansión de las plantas verdes tanto en el mar como en la tierra firme, contribuye a la producción de oxígeno mediante el mecanismo de fotosíntesis. Antes del gran cambio de la atmósfera no había oxígeno libre en el aire. Tampoco podía ver entonces ozono (O3)  cuya molécula es un derivado triatómico del oxígeno. Pero, a medida que aumentaba la concentración de oxígeno, se  fue desarrollando una capa de ozono merced a la acción de la luz ultravioleta sobre la molécula biatómica normal del oxígeno.

El bióxido de carbono

o anhídrido carbónico (CO2),  aunque forma parte de la atmósfera en pequeña proporción (0,035%),  suele presentar excesos que lo convierten en una amenaza para el planeta. El excedente de bióxido de carbono en la atmósfera, debido a su emisión excesiva y a la tala de los bosques que lo absorben, constituye el problema ecológico fundamental. Donde quiera que prospere el verdor de la naturaleza, la molécula clorofílica asimila el bióxido de carbono para sintetizar hidratos de carbono, liberando oxígeno como residuo y con ello, purifica el aire. 

El Efecto Invernadero

La atmósfera se vincula con los procesos de la vida a través de dos ciclos esenciales, el del oxígeno y el del carbono. Las plantas verdes, mediante la fotosíntesis, que aprovecha la energía solar, elaboran su rica sustancia biológica empleando como materias primas el hidrógeno del agua, obtenida del suelo y el carbono del bióxido de carbono, obtenido del aire. En el transcurso de un siglo, la concentración  de bióxido de carbono en la atmósfera aumentó más del 20%, a raíz del empleo de combustibles fósiles como el carbón y el petróleo. Y la destrucción de los bosques, que absorben su exceso. Toda la vida natural resulta perjudicada.

La contaminación del medio ambiente

Es un subproducto del desarrollo. El progreso del hombre, con sus secuelas de urbanización e industrialización, ha introducido en la biosfera una cantidad de sustancias contaminantes, que están drenando nuestra salud.Para descontaminar el aire y asegurar su pureza, en beneficio de la salud general, es preciso limitar y si es posible impedir, la emisión de gases tóxicos. Pero además, es necesario recurrir a las plantas, evitar la deforestación, conservar los espacios verdes y arbolar las ciudades.

Al captar el bióxido de carbono y liberar oxígeno mediante el proceso de la fotosíntesis, las plantas nos ayudan a mantener el aire puro.

Cuando los astrónomos comenzaron a orientar sus telescopios hacia los planetas, lo primero que se preguntaron y trataron de averiguar es si había en ellos agua y oxígeno. Ese interés fundamental tenía una explicación:  

Si se descubriera la existencia de esas sustancias, en cantidades suficientes, en algún planeta, ello sería indicio de vida.

En buena medida, nuestro planeta debe sus rasgos físicos y biológicos al lugar que ocupa en el ámbito del sistema solar. Concretamente a la distancia que lo separa del sol, que es de 150 millones de kilómetros. Los cálculos demuestran que si la tierra girase a menos de 130 millones de kilómetros del sol, nuestra agua se evaporaría y desaparecerían las condiciones propicias para la vida. Si, en cambio, la órbita terrestre se agrandara para situarse a más de 165 millones de kilómetros del astro rey, el planeta estaría sumido en la edad de hielo. Cuando nuestros antepasados llamaron Tierra a este planeta suponían que, salvo unos cuantos espejos acuáticos como el mar Mediterráneo y el mar Negro, el mundo consistía enteramente de suelos rocosos y terrosos. A lo sumo, podían imaginar que ese mundo plano estaba rodeado de un océano envolvente, pero eso ya pertenecía al ámbito de lo desconocido. En realidad, el océano encierra una variedad de residencias o hábitats y cada una alberga su propia población de animales y plantas. Así, por ejemplo, distinguimos la costa y sus aguas próximas, la plataforma continental, altamar y el fondo oceánico, qué puede tener distintas profundidades y culminar en las fosas abisales. En estas diversas zonas imperan diferentes temperaturas, presiones y salinidad del agua, condiciones ambientales a las que los seres vivos deben adaptarse. Quizá no haya lugares en el planeta más sujetos a cambios, que aquellos donde se juntan el mar y la tierra. Allí, Las mareas cubren y dejan al descubierto una franja de terreno dos veces al día. A pesar de estas condiciones, la costa muestra una gran riqueza de vida animal y vegetal. Todos los grupos importantes de animales están representados, si bien algunos sólo raramente. En ciertos grupos, pueden observarse los distintos estados atravesados en la evolución de las costumbres marinas a las terrestres. Dada su complejidad biológica, los seres vivos no pueden prescindir de las aguas dulces. Es por eso que utilizan la parte que anualmente se renueva con el ciclo del aguamediante la evaporación, las precipitaciones, el escurrimiento, la infiltración y el desagüe. El agua que cae en forma de lluvia sobre los continentes sólo representa una pequeña porción de ese gran aflujo natural. Sin embargo, la vida en nuestro planeta depende  en lo esencial de esas aguas pluviales, ya que ellas permiten humedecer la capa vegetal del suelo, garantizan la productividad agrícola, preservan los bosques y alimentan las reservas subterráneas. En 1974, la conferencia general de la UNESCO, decidió poner en marcha el programa hidrológico internacional (PHI), cuya finalidad fue elaborar una base científica para la gestión racional de los recursos hídricos. Cuando el agua de las lluvias llega al suelo, puede ser absorbida por este, estancarse y volverse a evaporar o correr siguiendo la atracción de la gravedad. En este caso formará arroyos que luego se unieran y formaran un torrente. Algunos torrentes nacen de manantiales, donde el agua subterránea sale a la superficie. Otros son el resultado del deshielo de las montañas, razón por la cual su caudal se acrecienta en primavera.Cualquiera sea su origen, los torrentes confluyen para formar los ríos. El carácter de un río cambia mucho, desde Su nacimiento a su desembocadura,  desde un torrente tumultuoso que labra su profundo camino entre las rocas, arrastrando consigo cantos rodados y piedras, hasta una corriente suave y tranquila que se desliza por el llano, sin rumbo fijo, describiendo, a su paso, unas eses o meandros característicos desgastando las orillas con lentitud, en algunas partes y depositando materiales en otras. Si el río se interna en el mar, su salinidad varía de una parte a otra del estuario y con el estado de la marea. El lago puede definirse como una gran extensión de agua dulce y en ocasiones salada, rodeada de tierra. Como la dimensión no basta para sentar un criterio absoluto, la distinción entre lago y mar interior no es clara. Se habla, del lago Aral o mar de Aral, del lago Asfaltites o Mar Muerto. El mayor Lago del mundo es el mar Caspio, con sus casi 400,000 kilómetros cuadrados. El agua de los ríos y los mares ha sido considerada como medio de evacuación de una parte de los desechos de las sociedades humanas. Durante mucho tiempo éstas han arrojado en ella sus residuos, con el convencimiento de que el ciclo biológico del medio acuático asegura la purificación permanente del agua y la eliminación de los gérmenes y las sustancias tóxicas que los desechos contienen. Si alrededor del petróleo el carbón se liberan metales pesados que durante siglos estuvieron fijados a la corteza terrestre, más perjudicial aún es el azufre lanzado a la atmósfera como dióxido de azufre (SO2)  o combinado con agua para formar ácido sulfuroso (H2 SO3) y ácido sulfúrico (H2 SO4). Este ácido es tan corrosivo que daña los metales y las rocas.

Dondequiera que vayamos, las plantas nos ofrecen el espectáculo imponente de su verdor y una sensación de calma, vitalidad y fecundidad que seduce al espíritu. Los vegetales y en especial los árboles, han sido siempre venerados. Los científicos no han cesado de estudiarlos, tratando de descifrar el sorprendente laboratorio químico de su estructura. Si los musgos,  licopodios y helechos presentan ya un desarrollo considerable de la estructura vegetal, no hay duda de que las fanerógamas constituyen un avance en el esplendor de la naturaleza. El clima, el suelo y la topografía que caracterizan las distintas regiones del mundo proveen condiciones especiales para el surgimiento de determinadas formas de vida, paisajes vegetales típicos y organismos adaptados al medio. Todo ello determina los biomas del planeta, que son las unidades ecológicas máximas. El hombre a poblado casi toda la superficie terrestre compatible con la vida humana. Aproximadamente el 12% de la superficie de los continentes está dedicada a la agricultura, el 10% a la ganadería y el 20% a la explotación forestal. A este inventario deben añadirse las ciudades, los emplazamientos industriales, las  redes ferroviarias y viales de comunicación, los circuitos turísticos. El 50% restante está ocupado por altas cordilleras, desiertos abrasadores, hielos eternos y selvas impenetrables. La diferencia básica entre animales y plantas reside en que las últimas pueden elaborar complejas materias orgánicas alimenticias. En cambio, los animales tienen que obtener alimentos orgánicos ya elaborados porque no pueden formarlos dentro de sus propios cuerpos. La relación puede ser directa como en el caso de los herbívoros que comen pasto y dependen del alimento vegetal. Una relación levemente más complicada es la del antílope que come pastos y es a su vez devorado por el león. El concepto de suelo alude al conjunto de las formas de utilización del espacio terrestre y se relaciona con la residencia del hombre y con todas sus actividades. El suelo brindado a estas actividades ha sido conquistado a lo largo de las generaciones, a medida que se fue expandiendo la población mundial. Esto significó la adaptación del hombre al ambiente en que se afincó, pero también la adaptación del paisaje geográfico a las actividades desarrolladas por el hombre, que modifican a la naturaleza. Desde hace 10.000 años, la especie humana dedica a la agricultura la mejor parte de sus esfuerzos productivos. Si bien se han encontrado restos vegetales en yacimientos arqueológicos que datan del año 11000 A.C, puede decirse que la agricultura se estableció hacia el 8000 A.C, cuando tienen lugar los primeros asentamientos humanos sedentarios, desarrollados sobre la base de un amplio abanico de productos agrícolas. El espacio agrícola sigue siendo cuantioso en el mundo, pues implica el 44% de la superficie total en Europa, el 23% en América, el 20% en Asia, el 18% en África y el 11% en Oceanía.

Ciclo De La Materia

Todos los seres vivos y las cosas inanimadas están compuestos de materia. Esta es, en general toda sustancia con peso y volumen, capaz de ocupar un lugar en el espacio y de asumir toda clase de formas. El  elemento fundamental de la materia es el átomo, constituido por un núcleo y electrones periféricos. El núcleo se compone a su vez de protones y neutrones, partículas sometidas a ciertas fuerzas que aseguran su cohesión.

La Erosión Del Suelo

Las prácticas agrícolas irracionales provocan procesos irreversibles de destrucción del suelo. La erosión no se circunscribe a las zonas áridas y semiáridas, que pueden ser recuperables o no, sino que afecta también a las tierras húmedas, las de mayor valor. Es esencial no dejar el suelo al descubierto, aplicarle una cobertura superficial de materia orgánica, que impide que la lluvia lo golpeé y disgregue, y proporcionarle el alimento que necesita.

La Amenaza De La desertificación

En las últimas décadas del siglo XX, 11 países africanos se vieron afectados por prolongadas sequías que interrumpieron la producción de cereales y desertizaron extensas regiones que antes exhibían apreciable vegetación. Dichos países son Ghana, Burkina Faso, Níger, y Angola, Etiopía, Mozambique, Zimbaue, Chat, Malí, Senegal y Mauritania. Las zonas más perturbadas fueron las situadas a orillas del Sahara. Si bien los científicos enviados por la FAO y la UNESCO emitieron su diagnóstico, queda mucho por hacer en cuanto a soluciones para los problemas ecológicos y socio económicos imperantes en esos países, que están entre los más atrasados.

La Biotecnología

Los productores agropecuarios están, por razones de rentabilidad y competitividad, continuamente presionados para aumentar el rendimiento y la productividad. A fin de asegurarse ingresos mayores, deben incrementar las cantidades producidas por unidad de superficie y de tiempo de trabajo, acortar los ciclos de reproducción y de crecimiento de los animales destinados al consumo. De ellos resultan cambios importantes en las condiciones de producción, no sólo para una mejor organización, sino también para la introducción de la ciencia y la tecnología en el ámbito rural. Los avances saludables de la biotecnología no deben ser confundidos con la nociva artificialización de la producción de alimentos, por vía del uso irreflexivo de sustancias químicas . Uno de los temas más candentes y controvertidos tratados por la Conferencia de las Naciones Unidas para el medio ambiente y el desarrollo Río de Janeiro, en junio de 1992 fue el referido a la convención sobre biodiversidad, cuyo texto original fue reformado y aprobado finalmente con el voto de 114 países y la oposición de los Estados Unidos. Este tratado intentó regular el complicado equilibrio entre la riqueza genética de las especies de las plantas y animales de los países del Tercer mundo y la explotación tecnológica que hacen de esos recursos las naciones desarrolladas.

La Sabana Tropical

En la parte oriental del África, se extiende la sabana tropical. Se trata de una llanura dilatada, herbácea, de escasa vegetación arbórea y de ella se encuentran exponentes no sólo en África, sino también en Australia y América del Sur. La sabana es uno de los biomas más espectaculares del planeta, tanto por las vastas extensiones que ocupa como por las manadas de animales de gran tamaño que la pueblan.

Praderas Templadas

Donde la pluviosidad es insuficiente para mantener el bosque, se extienden las praderas templadas. Este bioma es típico en América del Norte, donde comprende desde el Mississippi y los grandes lagos, al este, hasta las montañas Rocosas, al oeste. En América del Sur, donde reciben el nombre de Pampa, ocupan el sur de Brasil, Uruguay y la región oriental de la Argentina.

Las Selvas Tropicales

Los antropólogos han confirmado plenamente la deducción de Darwin de que nuestros antepasados evolucionaron a partir de primates que habitaban las selvas y bosques tropicales. Aunque es posible que los homínidos abandonaran muy pronto el hábitat original para instalarse en ámbitos más favorables, por mucho tiempo siguieron dependiendo de los árboles que les proporcionaban alimento. Los hombres que derivan de ellos y abandonaron ese medio siguieron conservando con los bosques una afinidad natural.

Los Bosques Templados

A diferencia de la selva tropical, el bioma del bosque templado, por estar alejado de la zona tórrida,  está sometido a la alternancia de las estaciones y conformado, en consecuencia, por árboles de hojas caducas, en especial Arces, hayas, Olmos , avellanos y Robles. A lo largo de los siglos se redujeron los bosques a 4200 millones de hectáreas, dos tercios de la superficie en la época pre agrícola. Los efectos negativos de la deforestación y de la merma de los recursos biológicos, no fueron advertidos durante siglos, frente a las necesidades de producción de alimentos, materias primas industriales y derivados forestales, para satisfacer el consumo e impulsar el desarrollo económico y social. Pero la incesante disminución forestal comenzó a evidenciarse como una amenaza contra el medio ambiente y un factor limitativo del bienestar de las naciones. En la actualidad, el esfuerzo reforestador y la conservación de los bosques se erigen en prioridades para garantizar el futuro de la especie humana. El problema es mejorar los bosques existentes y repoblar nuevas zonas. Este es el objeto de la silvicultura, ciencia que se ocupa del cultivo, conservación, Mejora y aprovechamiento científico de los bosques y de la repoblación forestal, a fin de asegurar el suministro continuado de madera de calidad, así como la estabilidad del suelo. Los desiertos cálidos y secos, con una precipitación media inferior a 250 mm anuales, ocupan más del 14% de la superficie terrestre. Si se incluyen las estepas vecinas, con precipitaciones algo más abundante de 250 a 500 mm, el total de esas zonas casi improductivas alcanza unos 40 millones de kilómetros cuadrados. En las regiones más frías del planeta, la débil tibieza del verano no alcanza para fundir la nieve invernal, que se acumula y amontona año tras año y bajo la presión de su propio peso se convierte en hielo. En la Antártida existe una capa de hielo que cubre 14 millones de kilómetros cuadrados y tiene una profundidad de más de 2 kilómetros. El volumen del hielo acumulado en ese continente es de 33 millones de kilómetros cúbicos lo que representa alrededor de 98% de toda el agua dulce del planeta. Con el nombre de tundra se conocen las regiones árticas que se encuentran en el límite septentrional de los bosques y el linde meridional de los hielos perpetuos. Este bioma se caracteriza por las temperaturas bajas, la media anual oscila entre los 15 grados bajo cero y los 5 grados bajo cero. El verano es muy breve y en los días más cálidos, la temperatura no supera los 10 grados centígrados. El suelo permanece helado la mayor parte del año y durante el verano el deshielo es parcial, por lo que las aguas se acumulan en cenagales y pantanos . Desde el Olimpo hasta el Fujiyama y el Sinaí, las montañas han merecido la veneración de quienes contemplaron sus cumbres. El monte Merú en el Himalaya es, para la mitología hindú, la morada de los dioses y el centro del universo. Inclusive en nuestros días, cuando el hombre ha hollado la cima del Everest y viaja en naves espaciales, la montaña conserva un prestigio que excede las razones de su altitud. Explorando las montañas andinas en Sudamérica, el viajero y explorador alemán Alejandro Von Humboldt llegó a una altura de 6000 metros sobre el nivel del mar, en el año 1802 . La montaña era el Chimborazo, en el Ecuador. En aquel tiempo era la mayor altura alcanzada por el hombre, pero la hazaña de Humboldt no fue de carácter deportivo sino científico. Los filósofos griegos se lamentaban en el siglo 4 antes de Cristo del modo en que se despojaba  de árboles a las montañas y se destruía un paisaje tan placentero, debido a que las finalidades prácticas prevalecían sobre las consideraciones estéticas. Pero la admonición de los filósofos de nada valió y mucho tiempo después, los bienes de la naturaleza siguen siendo valorados sólo como recursos económicos.

Hasta hace apenas un siglo, la mayoría de la población mundial vivía en ámbitos rurales, distribuida en pequeñas aldeas y dedicada a tareas agropecuarias. Carecía de los elementales medios de Confort, dependencias sanitarias, de agua corriente y de electricidad. Como no había hospitales, ni escuelas en las inmediaciones, no podía atender sus problemas de salud y en su mayor parte eran personas analfabetas. En el año 1800 las ciudades de más de 100 mil habitantes sólo albergaban al 1.7% de la población mundial. La ciudad más populosa Londres, no tenía más de 500.000 habitantes y se creía que no podía crecer mucho más. El filósofo escocés David Hume, había afirmado que: “Según la experiencia pasada y presente, no existe la posibilidad de que ciudad alguna pueda sobrepasar la cifra de 700.000  habitantes”. Al comenzar el siglo XX, las grandes ciudades habían llegado a un punto crítico. Víctimas del maquinismo y la industrialización,  hollinosas, ruidosas, hacinadas, se habían convertido en un espacio infernal. El arquitecto norteamericano Frank Lloyd Wright (1869- 1959), angustiado ante este panorama pudo decir:

“Mirar el plano de una gran ciudad es mirar algo así como el corte transversal de un tumor fibroso”.

Frente a esa visión abrumadora, propuso una nueva arquitectura orgánica de carácter naturalista y sostuvo que la edificación no tiene valor en sí misma sino en su fusión con el paisaje existente y las formas naturales. El estudio del hábitat urbano coloca en primer plano la relación entre población y superficie ocupada. Con el correr del tiempo, las ciudades han crecido en extensión, pero también en altura, con la proliferación de edificios de varios pisos, reglamentados por los códigos urbanísticos. La construcción de edificios altos, cuando están rodeados de espacios libres, parece menos embarazosa que el hacinamiento horizontal, pero en ambos casos se tiende a anular las superficies verdes, que son los pulmones de la ciudad . La civilización moderna alejó al hombre de la naturaleza que por siglos había sido su entorno. Lo separó de ella, erigió una muralla, cada vez más alta y abrupta, entre el migrante y su terruño. Los altos edificios, la red de calles y avenidas que surcan los barrios de viviendas, los transportes públicos, el cielo fraccionado,  los ruidos, los olores, el smog y el hacinamiento urbano crearon un estado crónico de neurosis y suprimieron el silencio, la paz y el sosiego que habían caracterizado la vida rural. Los habitantes de la urbe, impulsados por la necesidad de expansión y vida sana, vuelven sus ojos hacia la naturaleza. El verdor del campo y la montaña, los ríos y las costas marítimas ejercen atractivo sobre los espíritus sensibles e incitan a realizar las clásicas salidas de fin de semana. Nada proporciona más satisfacción que el contacto con la naturaleza, el reencuentro con las fuentes de la vida. Conviene aquí insistir sobre las características especiales que asume la polución atmosférica en la gran ciudad, donde el aire ha llegado a ser casi irrespirable. Las principales materias primas de una atmósfera urbana contaminada son los gases sulfurosos. Sobre todo el bióxido de azufre, gas carbónico, óxido de carbono, aldehídos, óxidos de nitrógeno y los hidrocarburos gaseosos, liberados por la combustión incompleta de hidrocarburos líquidos. La industria química añade a estas materias ácido nítrico, sulfuroso y sales minerales. Los ecosistemas que han podido albergar con éxito a numerosas especies vegetales y zoológicas. También han atraído al género humano, que ha sabido adaptarse a las condiciones geográficas y climáticas más adversas. La naturaleza evidencia una inmensa capacidad de recuperación. Prueba de ello es la rapidez con que renacieron la flora y la fauna en las islas devastadas por la erupción del volcán krakatoa y las explosiones nucleares del Pacífico. Otra muestra es la prontitud con que se recobran las zonas afectadas por los contaminantes industriales cuando éstos cesan y se pone fin a la causa del deterioro. Algunos lagos del escudo canadiense, que estaban extremadamente contaminados, recuperaron su prístino estado natural  10 años después de interrumpirse la polución que los atacaba. También en Suecia revivieron lagos que ya casi no disponían de oxígeno a causa de los productos químicos que se les arrojaban.

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