Alimentos Contaminados

Alimentos Contaminados

Las frutas ácidas contienen vitamina C, que protege al organismo de los resfríos y las infecciones, actúa contra la erosión del colesterol sobre las paredes internas delas arterias y previene contra el cáncer de estómago. Su carencia puede provocar cansancio, estreñimiento y hemorragias.

La variedad de sustancias que la agricultura y la ganadería piden ala industria química crece sin cesar: desde los abonos y fertilizantes hasta los insecticidas, plaguicidas, medicamentos y vacunas.

La economía agropecuaria se aleja cada vez mas de las tradicionales condiciones naturales.

Ciertos métodos pierden el contacto con el sustrato alimenticio local y provocan un cambio radical en las formas de nutrición de los animales destinados al consumo.

Un caso extremo es el de la cría acelerada de pollos, basada en alimentos artificiales procedentes de materias primas baratas (harina de pescado) y en tratamientos hormonales.

Se trata de disminuir los costos de producción y acelerar el ritmo de crecimiento, para asegurar una mejor remuneración al capital, a costa de modificar cualitativamente el metabolismo de los seres vivos que nos suministran los alimentos, con innegables efectos sobre el consumo.

Hay quienes observan una gran fragilidad e inestabilidad genética de las variedades y especies creadas en los laboratorios.

Las leyes del mercado dictan sus prerrogativas a la producción.

Así, las necesidades del transporte, almacenamiento, conservación y comercialización obligan a seleccionar las variedades mas resistentes a las manipulaciones y los tiempos de espera.

Por eso se cosechan los productos antes de su completa maduración para conseguirla durante el traslado y almacenamiento.

A veces se les da coloración artificial para crear la impresión de un producto que ha madurado naturalmente.

Colorantes, conservantes, emulsionantes, saborizantes, edulcorantes, forman parte de una extensa nómina de sustancias químicas que se agregan los alimentos de consumo cotidiano.

Estos aditivos no añaden nada desde el punto de vista nutricional; lo único que persiguen es optimizar la apariencia de los alimentos, su sabor, textura y propiedades de conservación.

En este aspecto, se arguye que abastecer poblaciones numerosas con una amplia gama de alimentos en toda época del año y a precios razonables exige conservarlos en buen estado por largo tiempo.

Otros aditivos, como los colorantes, solo tienen finalidades estéticas y suelen constituir una engañifa en el caso de ciertas bebidas que se promocionan como jugo de frutas, pero en realidad es agua con esencias sintéticas.

Dada la gran demanda de alimentos “que entran por los ojos”, la adición de tales sustancias es una constante en la actual industria alimentaria.

Alimentos ContaminadosLa biotecnología, aplicada a la agricultura, está empeñada en lograr nuevas especies de cereales, más rendidoras y nutritivas.

Sustancias sospechosas

En el tratamiento de las plantas cultivadas y de los animales de corral se usan compuestos químicos muy complejos, que inevitablemente interfieren en el metabolismo de la cadena de organismos.afectados, desde la fuente del alimento hasta el propio consumidor.

Aunque se desconoce el verdadero alcance de los efectos, es de temer que determinados síntomas patológicos tengan algo que ver con la ingestión de productos químicos usados en el proceso de producción.

Esta comprobado que ciertas sustancias resultan inofensivas en un primer momento, pero la impregnación de los tejidos puede provocar perturbaciones a largo plazo y hasta generar deformaciones congénitas en la descendencia.

Se conocen algunas sustancias tóxicas que proceden de fermentaciones y enmohecimientos y que afectan a las reservas de granos y de tubérculos, como las aflatoxinas de los depósitos de maníes, probablemente responsables de cáncer de hígado.

También resultó ser cancerígeno un colorante de la manteca a base de azobenzopireno, por lo cual fue prohibido.

En los tejidos grasos del hombre se han encontrado trazas de productos químicos comunes en la profilaxis de los cultivos o de la ganadería; tal es el caso del DDT, usado como insecticida, y el BHT, antioxidante.

Es cierto que el procesado de alimentos, que incluye operaciones como lavar, pelar y cocinar, disminuye drasticamente la cantidad de residuos que se consumen.

Sin embargo, los procesos de concentración o deshidratación del alimento podrían aumentar los niveles de residuos de pesticidas o producir una degradación de estos en otros productos.

Los análisis descubren siempre residuos en los alimentos, aunque en niveles inferiores a los tolerados por el organismo.

Frecuentemente se ha comprobado que en parcelas pulverizadas con DDT y Parathión (insecticida muy persistente el primero y altamente toxico el segundo) se practica la cosecha y el envasado de los frutos inmediatamente después de las pulverizaciones.

Esto puede producir victimas fatales y muy variados grados de intoxicación.

Por eso se recomienda a los consumidores lavar bien las frutas y no usar las cascaras para hacer dulces.

Las hortalizas y otros alimentos vegetales son demandados por una población ávida de productos frescos. Sin embargo, el uso incontrolado de compuestos químicos suele contaminar las verduras, razón por la cual se recomienda lavarlas con cuidado antes de ingerirlas.

Controles necesarios para los alimentos contaminados

En cuanto a los aditivos y otras sustancias químicas utilizados en la elaboración industrial, deben contar con la autorización de las instituciones sanitarias oficiales.

En el orden internacional, la FAO y la oms, organismos de las Naciones Unidas, se encargan de analizar tales sustancias y determinar en qué alimentos y en qué dosis pueden ser empleadas.

Cada país puede o no adoptar esas normas y reglamentarlas con sutiles variaciones.

En Estados Unidos, los análisis son realizados por la Administración Federal de Drogas sobre muestras de 324 artículos alimenticios.

La verificación se efectúa luego de prepararlos «listos para comer».

Aunque los resultados no son exactos, dadas las dimensiones reducidas de las muestras, son bastante confiables.

No obstante, los consumidores han reaccionado condenando el uso de sustancias químicas toxicas.

Se aclara que los pesticidas sintéticos resisten la acción del lavado, razón por la cual su uso esta sometido a especificaciones concretas.

La contaminación atmosférica, al interferir en la respiración de las plantas, también puede originar compuestos perjudiciales para las personas que las consumen.

Las emanaciones toxicas de origen industrial (humo ácido de los establecimientos metalúrgicos, polvos esterilizantes de las
fabricas de cemento) repercuten sobre las producciones alimentarias locales.

La radiactividad resultante de las explosiones nucleares ha generado asimismo profunda inquietud, ya que crea un ciclo peligroso cuyas etapas son la lluvia, la hierba, la vaca y la leche.

Sin embargo, las dosis registradas hasta ahora no han alcanzado limites críticos.

En cambio si son ponderables los vestigios perniciosos hallados en los peces, crustáceos y moluscos, a causa de la contaminación marina.

Pero, en la actualidad, la provisión alimentaria de muchos países cuenta con controles científicos y sanitarios que impiden la llegada al consumidor de productos que puedan afectar su salud.

En los países mas avanzados se han creado, al amparo oficial, centros de investigación que tienen bajo su mira los alimentos de consumo público, en lo que se refiere al control de calidad, el análisis de las materias primas y la tecnología de procesos y envases.

Centenares de científicos y laboratorios están abocados al estudio de cuestiones tales como la posibilidad de acelerar el proceso de curación de los jamones, como obtener pan de mejor calidad y mas barato, la manera de garantizar los componentes que integran una mermelada, la forma de asegurar la esterilización de las conservas venciendo la termo resistencia de los microorganismos patógenos.

La nutrición de los animales de corral incide sobre la calidad de sus carnes que, al formar parte de la dieta humana, constituye una fuente fundamental de proteínas.

Garantizar la pureza de los alimentos

El tema del jugo de naranja y su adulteración, por ejemplo, constituye una de las lineas de estudio.

A un jugo puro se le puede añadir agua con sacarosa y ácido cítrico, elementos presentes naturalmente en la naranja, y es muy difícil diferenciar lo que ya estaba de lo añadido.

Sera preciso buscar parámetros que sean buenos indicadores de la pureza del zumo,  y para ello, conocer previamente la composición del zumo puro.

También es útil realizar un análisis de muestras recogidas lo largo de toda la campaña de producción de naranjas y crear un banco de datos sobre la composición del jugo.

Luego, elegir aquellos componentes que menos varíen en el tiempo y sean, por tanto, buenos indicadores de pureza.

Pero los estudios no se limitan al jugo de naranja, sino que se remontan mas atrás, a la maduración del fruto en el árbol y a su comportamiento después de la recolección, al papel que juegan las hormonas vegetales (como es el caso del ácido indolacético) y otras sustancias de las cuales dependen el sabor y las cualidades nutritivas de la fruta.

La ciencia, tiene un carácter dual y contradictorio.

Usada en bien dela humanidad, puede conseguir efectos saludables y satisfactorios.

Puesta al servicio de intereses mezquinos, solo persigue la rentabilidad de los negocios, aún a costa de perjudicar a la población consumidora y desairar las aspiraciones generales.

Es de esperar que el primer lineamiento se imponga sobre el segundo, para asegurarla provisión de alimentos mas abundantes, baratos, sanos y nutritivos.

¿Alimentos frescos o industrializados?
El debate sobre los alimentos frescos, en oposición a los elaborados industrialmente, tiene aristas polémicas. Respondiendo a las confusiones surgidas al respecto, el doctor Luis Durán director del Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos de España, ha hecho publica su opinión: Todos preferimos los alimentos frescos o “naturales” a los transformados o conservados por métodos industriales. “Si es de lata no lo quiero”, se oye con frecuencia en los restaurantes. ¿Tienen claro los consumidores lo que es un alimento fresco? En muchos casos, si. Una lechuga lo es, el tomate en lata no; pero en otros surgen dudas: el yogur, las verduras congeladas, el pan, las mermeladas.
Estrictamente no es fresco todo alimento que haya pasado por un proceso industrial. ¿Tenemos razón al preferir los alimentos frescos? Habría que comparar ventajas e inconvenientes. En realidad, cuando preferimos alimentos frescos lo que nos preocupa es su pureza e integridad, es decir, que sean auténticos, que no contengan nada añadido (aditivos, residuos) y que no les falte ningún componente.
En general, el consumidor tiende a considerar que los alimentos frescos cumplen estos requisitos y los industrializados, no. Esto no es cierto, y en muchos casos es lo contrario.
Los alimentos frescos ofrecen garantía de composición, pero no de pureza ni de condiciones sanitarias; los tomates adquiridos en el mercado pueden tener residuos de plaguicidas y estar superficialmente contaminados. Los tomates en’lata, por el contrario, tienen menos vitamina C, pero ofrecen la seguridad de su esterilidad microbiológica y una probabilidad muy baja de que puedan contener residuos o aditivos, ya que habrán pasado por varios controles,tanto oficiales como de los propios fabricantes, que son los primeros interesados en que su producto llegue bien al consumidor y sin problemas con la inspección.
Es un hecho evidente que la alimentación natural, a base de productos frescos exclusivamente, queda como un “lujo”, al alcance solo de tribus o de colectividades “naturistas” reducidas, que ademas corren el peligro de sufrir deficiencias nutritivas si no tienen a mano todos los componentes necesarios. La inmensa mayoría de la población urbana y rural depende, para un abastecimiento alimentario equilibrado, de productos industrializados en mayor o menor grado.
La industrialización de alimentos, que cuenta hoy con una tecnología avanzada, permite al consumidor disponer de mas alimentos perecederos durante mas tiempo, con mas higiene y mas seguridad, pero también con algunas pérdidas y riesgos: pérdidas de valor nutritivo (casi exclusivamente de vitaminas) y riesgos de fraudes y adulteraciones que también afectan a los alimentos frescos.
La investigación científica en el área de ciencia y tecnología de alimentos esta poniendo gran parte de sus medios personales y materiales en la resolución de estos problemas. Volviendo a la pregunta anterior: ¿Tenemos razón al preferir los alimentos frescos? Toda, no. ¿Tenemos razón al preferir los alimentos puros, sanos y nutritivos? Toda, desde luego.

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